Móvil desbloqueado

Mientras encendía el cigarrillo sonó el móvil.

— ¿No lo vas a coger? — me preguntó Lidia.
— No.
— ¿Es tu mujer?
— Sí.
— ¿Qué le dirás cuando te pregunte por qué no contestaste la llamada?
—Cualquier cosa: que tenía desconectado el sonido, que estaba en el lavabo… Ya se me ocurrirá algo.
— La quieres, ¿verdad?
— Ya lo hemos hablado muchas veces y sabes que la respuesta es sí.
— Yo soy la segunda.
— También sabes que eres importante para mí.
— Y que el sexo que tienes conmigo no lo tienes con ella.
— Así es. Y tampoco todas las mujeres tienen el sexo que yo puedo ofrecerles – respondí poniéndome a la defensiva.
— Tan humilde como siempre.
— No es que lo diga yo. Tú misma me lo has repetido muchas veces.
— Es verdad. Como amante eres prácticamente perfecto. El problema es que me estoy enamorando de ti.
— No es lo que habíamos acordado. Nuestra amistad es excepcional, como también lo es nuestro cariño recíproco, pero no podemos cruzar esa línea.
— Para ti es muy fácil. Tienes un hogar, mientras que yo sólo tengo un apartamento. Cuando sales por la puerta yo me preparo la cena, veo el informativo en el televisor y me quedo con la única compañía de un buen libro. Y todos los días me despierto sin tener a mi lado unos labios para besar ni una persona a la que desearle que tenga un buen día — protestó ella.
— Las circunstancias son las que son, y no las que nos gustaría que fueran.
— Con tus conocimientos y tu experiencia podrías encontrar un trabajo excelentemente remunerado en cualquier lugar al que nos trasladáramos — prosiguió Lidia.
— No estás siendo muy sutil – contesté molesto.
— ¿Y por qué habría de serlo? ¿Acaso no es mejor que nos digamos las cosas cara a cara?
— Así es, pero ese asunto quedó zanjado tan pronto como iniciamos esta relación.
— Cierto, pero todo evoluciona. Además, los sentimientos no admiten su racionalización. Llegan, se instalan, crecen, y llega un momento en el que no tienes ningún control sobre ellos. Mi cabeza me dice que los olvide, pero mi corazón se encarga incesantemente de convencerla de lo contrario.
— Por ahí no podemos seguir.
— En ese caso, tal vez lo mejor sea que te vistas y te marches.

La despedida careció de la más mínima solemnidad, limitándose a un brevísimo beso en la mejilla y a un adiós sin mirar atrás.

Habían transcurrido unos dos años desde entonces, y cada vez acudía a mi mente con menos frecuencia la memoria de Lidia. Un día por esas fechas, al haberse averiado uno de los coches, tuve que llevar a mi mujer a la oficina. Al poco de dejarla en la puerta y continuar el trayecto hacia la mía sonó un teléfono. Era el suyo, que lo había dejado olvidado en el asiento. Al estar conduciendo preferí no coger la llamada, pero vi en la pantalla que era de un tal Óscar. Una vez en mi despacho estuve mirando en el teléfono quién era ese Óscar desconocido para mí. Vi las conversaciones del chat entre ellos y no dejaban lugar a dudas: eran amantes. A juzgar por la foto de perfil parecía un hombre joven y atractivo. Dado mi historial consideré que no tenía derecho a reprochárselo, así que continué actuando como si nada hubiese sucedido. Al menos en apariencia.

Unos días después acudí a una reunión en el centro de la ciudad. Al salir era la hora de comer, de modo que me dirigí a un restaurante cercano. Mientras miraba la carta, la voz de una mujer que se había acercado a la mesa me llamó por mi nombre. Era Lidia.

— ¡Qué sorpresa encontrarte por aquí! Me alegro de verte — me dijo.
— Lo mismo digo — respondí levantándome para darle un beso.
— Te presento a Óscar, mi marido.
— Encantado — mentí estrechando su mano con más fuerza de la necesaria.
— Un placer.

Sí, mentí. En ese momento, a mis cuarenta y cinco años, acababa de descubrir con desagrado lo que la mayoría de personas descubren en su juventud: los celos.

No tenía claro si me sentía celoso porque el tal Óscar estaba con Lidia o porque era el amante de mi mujer. Tal vez lo estaba por ambas razones.

6 comentarios en “Móvil desbloqueado

  1. aranjuezivilanova

    Celos por celos… ¡Celos al cuadrado! Pobre tipo.
    Bromas aparte, muy bueno el relato. Me gustaría saber escribir cosas tan cortas y sustanciosas al mismo tiempo.

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