Cambio Climático

Durante siglos hemos padecido tempestades. Nuestro antepasados y los antepasados de nuestros antepasados. Pocas épocas de calma y muchas de tempestad de las cuales algunas, demasiadas, nos han dejado un legado de odio, muerte y destrucción.

Hubo un momento de calma. No de calma absoluta: la perfección no existe. Una calma originada porque los anticiclones y las borrascas cedieron en su virulencia, mostrando unas isobaras distantes entre sí, aunque por momentos éstas se aproximaban transitoriamente para a continuación volver al estado anterior. El consenso entre los anticiclones y las borrascas nos ha dejado como legado un tiempo en el que hemos disfrutado de un clima benévolo, tan solo interrumpido de vez en cuando por alguna tempestad más o menos intensa y más o menos persistente; tras la cual, la calma nos ha permitido volver a disfrutar de un clima casi ideal bajo el cual todo resulta más sencillo y agradable.

Lamentablemente ese tiempo pasó. Tanto los núcleos de altas como los de bajas presiones consideran que es tiempo de demostrar su poderío, y éstos reducen sensiblemente sus milibares de presión mientras que aquéllos los aumentan en una proporción similar. La borrasca nos invita a una tempestad brutal, bajo la promesa de una posterior calma duradera más utópica que real, como ha sido demostrado en el devenir histórico de la humanidad. Por el contrario, el anticiclón se defiende tratando de convencernos de que sólo él puede llevarnos a la Arcadia feliz, aunque nos oculta que a ese lugar, también utópico, sólo tienen acceso las élites que promueven su prevalencia, como también la historia nos ha demostrado ¡Ay, la historia! Esa gran desconocida y manoseada, cuando no repudiada. En la dicotomía anticiclón-borrasca no se admiten confortables espacios intermedios. Están mal vistos.

Y así unos y otros, cada cual soplando en la dirección que estima conveniente. El anticiclón en el sentido de las agujas del reloj y la borrasca en sentido contrario (aquí en el hemisferio norte), y provocando remolinos que, en caso de chocar violentamente, pueden generar un tornado de consecuencias impredecibles. O tal vez bastante predecibles.

Debe de ser el cambio climático.

2 comentarios en “Cambio Climático

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