¿Quieres conocer a las sílfides guerreras?

Hola, amigos. Os dejo un fragmento del relato titulado “La verdad sobre las Sílfides Guerreras”, incluído en mi último libro, Universos Adyacentes, disponible en Amazon tanto en papel como en formato digital. Espero que os guste.

“Entre toda mi producción literaria, aún no demasiado extensa, la que mayores beneficios me ha aportado ha sido, sin duda, la novela Las Sílfides Guerreras. No sólo beneficios económicos, sino que es con la que he conseguido un mayor reconocimiento, tanto por parte de la crítica como de lectores de las más variadas tendencias.

El mérito no es mío. Bueno, en parte sí, obviamente, pero durante su creación me he encontrado con una enorme cantidad de obstáculos y he padecido terribles presiones, ante las cuales he ido cediendo paulatinamente hasta conseguir darla por finalizada.

El título original era Las Sílfides, y el verme obligado a añadirle un adjetivo ha sido sólo una de las concesiones que he tenido que hacer. No es quizás la más significativa, pero el hecho de que altere el título sí es, en sí mismo, de una importancia capital; dado que de esas dos palabras iniciales, que finalmente han sido tres, depende que muchos lectores se interesen o no por la obra.

Desde el principio tuve claro que el objetivo de la novela no era otro sino ensalzar las múltiples cualidades de tres mujeres excepcionales: Catalina Piñero, Juana Martínez y Eulalia Rabal. La primera es directora general de una de las diez mayores corporaciones multinacionales que existen. La segunda ha sido galardonada con el Premio Nacional de Ensayo por su trabajo El vertiginoso ascenso de los populismos en Europa (y en América, añadiría yo). Por último, Eulalia, dirige el mayor centro de investigación de física cuántica del mundo, además de haber resuelto dos de los conocidos como problemas del milenio, aunque tendrá que esperar para que le sean reconocidos hasta que finalice el periodo que se concede para posibles refutaciones.

Por iniciativa de Catalina, estas tres mujeres se unieron para llevar a cabo un ciclo de conferencias llamado El papel de la mujer en el mundo actual.

Valoro el tiempo del lector, por lo que le aviso de antemano que se trata de tres personajes de ficción. De este modo pretendo evitarle una búsqueda infructuosa de sus biografías.

El sustantivo del título, sílfides, no es gratuito. Además de su inteligencia fuera de lo común, la naturaleza también había dotado a las protagonistas de una belleza física destacable.

En contra de mi costumbre, para escribir esta novela desarrollé cuidadosamente un esquema cronológico y detallado con los hechos que pretendía destacar. A partir de ahí empecé a dar forma a la narración. No me resultaba dificil. Me sentaba ante el ordenador y acudían a mi mente escenas que me parecían adecuadas, y las escribía a buen ritmo. Quienes ya me conocen saben que no soy escritor profesional, lo que limita el tiempo que puedo dedicar a esta afición. Rectifico: pasión, mejor que afición. Algunos días, en tan solo un par de horas era capaz de redactar un buen número de páginas de contenido casi definitivo, a falta únicamente de la obligatoria revisión de estilo, así como de la tediosa corrección de errores ortográficos o mecanográficos que siempre se dan, y en mayor medida cuando se escribe a buen ritmo.

La novela avanzaba, como he dicho, a un ritmo endiablado que a mí mismo me sorprendía. En esas fechas llegué a sentirme agotado. No lo estaba por el proceso de escritura, sino por el trabajo y por una serie de problemas personales que no vienen al caso. Por ese motivo, convencí a mi esposa para que fueramos a pasar un fin de semana en un hotel rural. Bueno, el verbo convencer no es el más adecuado. Al preguntarle si le apetecía que fuésemos a pasar el fin de semana a… me interrumpió con un enfático «síiiiii».

Para mí, un fin de semana así supone castigar el cuerpo a cambio de refrescar mis ideas. Quiero decir que lo dedico a realizar largas excursiones por la montaña, con lo que físicamente vuelvo agotado, pero con la mente totalmente despejada. Como mi trabajo no es físico, no tardo en reponerme en ese aspecto.

El lunes por la tarde encendí el ordenador, dispuesto a plasmar algunas ideas que se me habían ocurrido durante el fin de semana. Generalmente utilizo la grabadora de voz del teléfono para esos casos, pero había decidido mantener el móvil apagado durante toda nuestra escapada, y utilizar un pequeño bloc de notas por si, como efectivamente sucedió, se me ocurría alguna idea importante.

La novela estaba bastante avanzada, a falta únicamente de desarrollar algunas escenas finales, así como de la conclusión sorprendente que tenía previsto ofrecer a los lectores. Pero el primer sorprendido fui yo. Al encender el ordenador y abrir el documento, me apareció un extraño mensaje: «tenemos que hablar». Es esa breve frase que, históricamente, ha provocado fuertes taquicardias a los hombres que la han escuchado. En este caso había un factor que no hacía sino aumentar aún más el número de mis pulsaciones: me lo decía una máquina. Debo aclarar que estamos en el año 2018, y que la inteligencia artificial todavía no está en condiciones de llevar a cabo una interacción de ese nivel, al menos en el ámbito doméstico.

No tardé en darme cuenta de mi error: no era la máquina quien me lo decía. Era Catalina, en calidad de portavoz de las sílfides.

No es extraño que durante el trabajo de escritura sean los propios personajes quienes tomen las riendas de la narración. De hecho, me ha sucedido en más de una ocasión, y lo considero un momento sublime en el proceso de la creación literaria. Pero entonces era distinto. No es que, a través de sus diálogos, los personajes me condujeran por caminos distintos de los que tenía previstos, sino que estaban llevando a cabo una asonada en toda regla. Se me habían rebelado…”

 

 

 

2 comentarios en “¿Quieres conocer a las sílfides guerreras?

  1. Me he metido tan de lleno en la lectura que al llegar al final me he quedado unos segundos desconcertada, porque creía que estaba leyendo tu propia experiencia y al rato me he dado cuenta que ese era el fragmento de Las sílfides guerreras. Por cierto un nombre que llama invita a descubrir qué se esconde tras él. Así que te felicito, ya que la historia me ha atrapado de lleno.

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