Vientos

A algunos les resultaban enojosos los vientos de levante. Otros, sin embargo, no soportaban los que soplaban de poniente. Cada grupo se irritaba al ver el gozo ajeno cuando disfrutaban de su brisa predilecta, disfrute que nunca era pleno por estar más pendientes de exhibirse ante sus oponentes para aumentar su ira que de saborear sus supuestas bondades. Hasta que de Oriente (que no de Levante), llegó un ser diminuto, imperceptible para el ojo humano; y les hizo ver que ambos resultaban igualmente vulnerables frente a su poderío. El resultado, previsible, fue culpar a los distintos vientos de ser los responsables de la llegada de tan ínfima partícula, así como de su dispersión geográfica. Hasta el lebeche y el cierzo fueron objeto de las más despiadas críticas, siendo acusados sin fundamento alguno de pertenecer indistintamente a uno u otro bando eólico, ignorando sus respectivas procedencias del suroeste y del noroeste; así como que su función siempre había sido la que le corresponde a cualquier viento por su propia naturaleza: equilibrar las presiones entre las zonas de anticiclón y las de borrasca.

4 comentarios en “Vientos

  1. Pingback: Un día del libro diferente – Resistencia Literaria

  2. Intuyo que éste es un aperitivo de tu próximo libro. Así que con las ganas de leerlo cuando salga me dejas. Me ha recordado un poquito a nuestro panorama actual y los habituales conflictos entre quienes son de poniente y de levante, fans acérrimos que no aceptan críticas pero que ven la viga en el ojo ajeno y no en el propio.

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