El maniqueísmo en la literatura

Con más frecuencia de la deseada, encuentro en la narrativa actual y principalmente en libros autopublicados, un maniqueísmo con el que el autor o autora lo único que consigue es alejar su obra de la literatura para aproximarla al panfleto.

Me gusta poner nombre a todo aquello que no lo tiene, y para este caso he elegido el de «literatura de juzgado». Trataré de explicar por qué.

En un buen libro, el autor es libre de asignar tanto a los personajes como al narrador (preferiblemente a aquellos y no a este, en mi opinión), tantas virtudes o defectos como considere oportunos. También la carga ideológica puede estar presente con el grado de intensidad que desee, sin que ello tenga por qué afectar a la calidad de la obra.

De ese modo la narración se convierte en alegoría, en la que una parte de los personajes se convierten en la representación del bien y la otra en la del mal.

El problema surge cuando en una narración de ficción nos encontramos con que los buenos son extraordinariamente buenos, y los malos extraordinariamente malos. En ocasiones también sucede que los deslices que puedan cometer los buenos, siempre se producen como consecuencia de un comportamiento previo de los malos que les llevan a actuar de ese modo, mecanismo mediante el cual la responsabilidad del acto recae sobre un tercero a la vez que quien lo ejecuta queda exento de ella . De ese modo la narración se convierte en alegoría, en la que una parte de los personajes se convierten en la representación del bien y la otra en la del mal. A estas alturas, el paso de la literatura al panfleto se ha consumado.

Considero que el autor no debe ser juez. Presentar un libro en el que ya han tenido lugar las diligencias previas, el juicio oral y el dictado de una sentencia inapelable no es literatura sino otra cosa. Más grave aún es cuando en dicha sentencia los hechos probados se limitan a cuestiones meramente subjetivas, algo tan inadmisible en el derecho moderno como cuestionable en una obra literaria.

Obrar de ese modo impide que el lector pueda extraer sus propias conclusiones, con lo que se le otorga la condición de sujeto pasivo, cuando es este quien realmente debería disfrutar de la libertad de valorar —o incluso de juzgar si lo considera oportuno— los pensamientos y acciones de los personajes. Literatura premasticada, y en algunos casos predigerida, que busca la confirmación de ideas en lugar de la crítica razonada; y que su duración estará sujeta a la de la moda de la que ha sido extraído el material que la conforma.

2 comentarios en “El maniqueísmo en la literatura

  1. Con lo bonitos que son los personajes imperfectos, que toman decisiones malas porque se equivocan. Personalmente también me molestan esos personajes que son “buenos y perfectos” y que en realidad resultan planos. Ellos y la historia.

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    1. Andres Hernández Rabal

      Así es, aunque lo que realmente no soporto es la intención de adoctrinar, que el autor intente manipular planteando el falso dilema de o piensas como yo o eres un ser miserable.

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